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Columnista El huésped Es incierto el futuro para el fundador de Wikileaks. Es incierto el tiempo durante el cual será nuestro huésped e inciertos los “daños colaterales” que el anfitrión podría acarrear.
Tania Tinoco


El huésped

En lo primero que pensé tras la llegada de Julian Assange a la Embajada del Ecuador en Londres para solicitar asilo político, fue en la embajadora Anita Albán.  Una mujer de 40 y tantos, inteligente, divorciada, guapa, a quien se le terminaba abruptamente la era de tranquilidad en la sede diplomática, dada la connotación mundial del nuevo huésped, un héroe o un villano, depende del lado del que se lo mire. 

El huésped se quedaría un buen tiempo. Se ha dicho que el proceso podría tardar años. Cámaras de televisión, reporteros, policías y espías estarán flanqueando la entrada a la legación diplomática, mientras el huésped, desde el interior, sigue jugando su papel de “James Bond del periodismo”.  Es de esta forma como se ha definido a sí mismo este australiano de 41 años, fundador de la organización Wikileaks, responsable de haber sacado a la luz pública cientos de miles de documentos secretos. 

Quienes lo conocen dicen que es un genio y que ante un computador es un hombre sin límites. Encantador y amable, cuando quiere, parece también un solitario frágil e incomprendido con ojos enigmáticos  y cabellera de canas.  

Se me hace difícil imaginar su niñez y adolescencia en una treintena de colegios, dada la vida de nómadas de sus padres, dedicados al teatro. Tal vez eso influyó para que a los 18 años ya estuviera casado y fuera padre.  De su ex mujer y su hijo no quiere hablar.  Es capaz de sacarse el micrófono y salirse del lugar de la entrevista si un periodista osa preguntarle por su vida privada. Es la parte de la doble faz de Assange: hace pública la información confidencial y secreta de otros, pero no permite que los otros se metan con él. 

Tiene un candado puesto en su vida íntima.  De su padre no habla, tampoco de otros  hijos que habría engendrado, según declaraciones de un ex colaborador suyo, que lo calificó como déspota y autoritario, a quien no le importa nadie más que él.  Para su desgracia, pertenece a  su vida privada el origen del juicio del que ha escapado ingresando en la embajada ecuatoriana.  Está acusado de un delito sexual menor en Holanda, donde 2 mujeres con las que tuvo relaciones sexuales consentidas, lo culpan ahora de no haberse protegido correctamente, reclamando  una prueba de VIH a Assange. Reclamaciones que solo pueden imputarse  en países del primer mundo como Holanda, donde los derechos de la mujer han permeado todos los campos, incluso el sexual. 

Es incierto el futuro para el fundador de Wikileaks.  Es incierto el tiempo durante el cual será nuestro huésped e inciertos los “daños colaterales” que el anfitrión podría acarrear.  Un huésped puede ser un encanto, y acompañarlo en su visita hasta se convierte en dicha. Pero un huésped complicado nos complica  y, quedándose por tiempo indefinido puede llegar a despedir el encanto.  ¿Me equivoco?  Unicamente Anita Albán podrá saberlo.  Lástima que su condición de diplomática la obligue a callar. Solo que nos olvidamos que el huésped es un hacker y que con él, ningún secreto está a salvo. Esta historia continuará. 

POR TANIA TINOCO
Periodista y Directora de Telemundo, Ecuavisa

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