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MALABARES COTIDIANOS Las nuevas y las de toda la vida. Hay gente optimista que dice que todos los días se aprende algo.


Las nuevas y las de toda la vida.

Por María Fernanda Heredia
Escritora ecuatoriana


Hay gente optimista que dice que todos los días se aprende algo. De seguro esa gente se despierta feliz, se mira al espejo y dice “¡Sí se puede!”.
Yo no soy muy optimista que digamos. Esta mañana me miré al espejo y me dije: “Es posible que un meteorito esté a punto de colisionar con la tierra, de seguro moriremos y yo jamás habré descubierto el misterio de cómo se rellenan las empanadas de viento”.
Así soy yo, qué le vamos a hacer.
Desayuné solo café, porque mi despensa anda en temporada baja, y  me puse a revisar periódicos en internet. Cuando lo hago me pasa algo similar que a mis papás, ellos comienzan leyendo noticias de interés mundial y en determinado momento, sin saber cómo ni por qué, se dan cuenta de que están revisando la esquela mortuoria de un señor llamado Filomeno Zambrano, al que no conocieron en vida; bueno ni a él ni a sus hijos, hermanos, cuñados, nietos y demás parientes que anuncian su deceso y la misa por su eterno descanso.
Yo no leo los mortuorios, pero no me pierdo los clasificados. En esas estaba cuando me encontré con una noticia que me llamó la atención: Las nuevas profesiones del mercado laboral.
Hace más de veinte años, antes de ser escritora, estudié diseño gráfico. En mi foto de mi graduación aparezco con capa y birreta, y un raro gesto en mi rostro: ojos entrecerrados, las fosas nasales inusualmente expandidas y una mueca en la boca; mi mamá dice que ese gesto responde a la emoción del momento, yo creo que más bien se trataba de un inevitable estornudo en vista del olor a naftalina que despedía ese atuendo de alquiler. Pero en todo caso recuerdo que estaba feliz con mi título profesional.
En aquel entonces las profesiones tenían nombres que se podían comprender sin mayor esfuerzo: médico, mecánico, diseñadora, maestro, abogada, etc. Pero resulta que hoy las profesiones que revolucionan el mercado suenan a las partes de una nave espacial: El community manager, la digital officer, el virtual relationship manager, la brand coach, etc.
Hace años conocí a un chico y hubo entre los dos algo parecido a un flechazo. Nos miramos, nos pusimos a charlar y yo le pregunté: ¿A qué te dedicas?, él me contestó “Soy médico”, yo sonreí y pensé: “Es médico, qué interesante, salva vidas, cura a las personas, es estudioso, sabe cosas difíciles como por ejemplo para qué sirve el apéndice y la pituitaria, usa mandiles blancos... ¡Oh no! ¡Usa mandiles blancos! ¡Que ni sueñe que yo se los voy a lavar y planchar!, fin de la historia, adiós”. Supongo que a él le pasaría algo similar, porque ni siquiera me pidió mi teléfono.
No sé cómo reaccionaría hoy si al sentir un flechazo y al preguntarle a esa persona a qué te dedicas, él me respondiera: “Soy virtual relationship manager senior”. Seguramente yo me quedaría pasmada sin entender ni una palabra, sin tener la menor idea de si en esa profesión se usa mandil, una escafandra o una tanga animal print. Sin saber si es un asesino en serie o si salva animalitos.
Apagué la computadora, salí de mi departamento, crucé la calle y entré a la tienda de la señora María. Saludamos, le pedí unos huevos y una bolsa de pan, hablamos de sus hijos, del clima, y nos despedimos.
Hoy no aprendí nada, solo ratifiqué algo que ya sabía: ojalá nunca desaparezcan las profesiones que nos salvan la vida, el médico o la señora de la tienda, por ejemplo.


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Edición # 624 - 19 de enero de 2017

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