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Salud QUISTES: ENEMIGOS INTERNOS A veces tan inofensivos que pasan desapercibidos, otras no tanto y el dolor es el primer signo de alerta. Conoce sobre ellos y cómo detectarlos.


QUISTES: ENEMIGOS INTERNOS

Por Ma. José Paredes Salmon
mjparedes@vistazo.com Fotos Fotolia


Y como todo en la vida, las visitas
rutinarias al supermercado, al gym o el café con las amigas, la
consulta con el ginecólogo periódicamente es algo que forma parte
de nuestras vidas. Sea para un chequeo general o algún procedimiento
en específico, esto ayuda a que los quistes ováricos puedan ser
detectados, controlados y tratados de manera efectiva. Los quistes
son relativamente comunes entre la pubertad y la menopausia, aunque
pueden producirse en cualquier etapa de la vida. No todos presentan
los mismos síntomas, algunos son indoloros y otros producen pesadez
en la zona pélvica, retorcijones en el bajo vientre, anomalías en
el periodo menstrual o dolores al orinar y, en algunas
ocasiones, pueden provocar esterilidad.





Se conocen dos tipos:



Funcionales Suelen responder a una estimulación ovárica
excesiva a lo largo del ciclo menstrual, lo que produce que un
folículo se transforme en un quiste. Pueden aparecer en cualquier
momento de la vida, comúnmente durante la pubertad y la menopausia,
y representan el 90 % de los tumores ováricos. Suelen ser benignos,
“si aparecen al principio del embarazo es mejor no
tocarlos hasta después del primer trimestre”, precisa la
Unidad Médica del Hospital Maternal Port Royal, de París (Francia).



Orgánicos Se caracterizan por producir vegetaciones internas
y por tener un diámetro superior a seis centímetros, una parte
sólida y una pared espesa. Estos criterios permiten evaluar su
evolución (benigna o maligna) y su detección es importante: la
precocidad del diagnóstico influye directamente en las
probabilidades de curación.



Los chequeos al ginecólogo deben
realizarse frecuentemente desde la adolescencia.


¿CÓMO SABER SI ESTÁN AHÍ? 

Expertos
del centro IDIAG, especializados en ginecología, obstetricia y
oncología, comentan que esta patología es frecuente en mujeres en
edad reproductiva y se presenta con mayor frecuencia en la población
adolescente, cuando el sistema reproductor femenino aún no ha
alcanzado la madurez. “Es común que las mujeres no se enteren de
que tienen quistes ováricos, ya que éstos pueden presentarse sin
sintomatología, otros simplemente desaparecen solos. Sin embargo,
hay algunos que causan molestias y dolores y deben ser intervenidos
quirúrgicamente para descartar otro tipo de problemas como tumores o
embarazos ectópicos”, asegura el doctor Barrera, experto en el
tema.



En algunos casos el síntoma más
predominante es pesadez en la zona pélvica.


¡NO MÁS QUISTES! 

La ecografía que
permite descubrir los quistes asintomáticos puede realizarse por vía
abdominal o endovaginal. A pesar de lo útil de este procedimiento,
este también incrementa el número de “falsos negativos”. Un
doppler sirve de complemento del diagnóstico, al permitir estudiar
el flujo sanguíneo en el interior de los tumores, mientras que la
naturaleza exacta del quiste la confirmará un examen microscópico
detallado. La mejor forma de detectarlos o realmente la usual manera
de hacerlo es asistiendo periódicamente a los controles
ginecológicos, preferiblemente, al inicio de la adolescencia. Los
tratamientos pueden ir desde esperar a la disolución por sí solos,
utilización de anticonceptivos orales para restablecer el equilibrio
hormonal o incluso una intervención quirúrgica en caso de notar
anormalidades. El doctor Goffinet, del Hospital Maternal Port Royal,
de París, asegura que hasta que no se demuestre lo contrario,
operar un quiste no incide en la capacidad de tener hijos después,
sino que, dado el riesgo de que reaparezcan, preserva la función
ovárica en las mujeres no menopáusicas.





Síntomas


En algunos casos, los quistes ováricos
se presentan con síntomas tales como:



Sensación de hinchazón o distensión abdominal.



Dolores menstruales constantes.



Alteraciones en el ciclo menstrual: reducción, prolongación,
ausencia o aumento de flujo.



Presencia de bolitas a los lados de las piernas.



Dolor durante las relaciones sexuales o sensación de tensión
abdominal.



Los anticonceptivos orales sirven como
tratamiento para esta anomalía.
 

Columnista

 
columnista A ras del suelo Por Michelle Oquendo
columnista La isla Por María Fernanda Heredia

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